A 11 años de la primera movilización de Ni Una Menos, las organizaciones feministas continúan alertando sobre la gravedad de la violencia machista en Argentina. Desde el colectivo MuMaLá (Mujeres de la Matria Latinoaemericana) advierten que detrás de los números persisten múltiples formas de violencia y un escenario de creciente desprotección para mujeres y diversidades.
Estermann afirmó que “son números que duelen porque la variación anual está en torno a los 200 casos. Más allá de algunas fluctuaciones, el pico fue en 2017 con 317 femicidios”.
Seguido, destacó además la importancia de observar otros indicadores que permitan dimensionar la problemática. “Desde hace algunos años medimos los intentos de femicidio y nos da alrededor de 420 casos de golpes o ataques a las mujeres. La diferencia es abismal porque muestra situaciones que podrían haber sido potenciales víctimas”, explicó.
Por otra parte, sostuvo que existe preocupación por la menor visibilidad de estos hechos en la agenda pública y mediática. “Cada vez es más difícil encontrar en los medios que se visibilicen los femicidios. Muchas veces se los presenta como homicidios y eso invisibiliza la violencia de género”, afirmó.
En ese marco, cuestionó la postura del Gobierno nacional respecto de las políticas de género. “Hay hartazgo y ninguneo por parte del Gobierno nacional. Quieren tapar el sol con los dedos tratando de que no se hable de un problema que nació desde la sociedad misma y del hartazgo de que nos sigan matando”, expresó.
Para Estermann, el contexto actual también impacta en el acceso a la justicia y en la decisión de denunciar situaciones de violencia. “Hay una baja en las denuncias de violencia de género por la situación de impunidad en la que están los varones. Con la falta de políticas públicas muchas mujeres no saben si denunciar va a tener un impacto positivo o negativo en sus propias vidas”, indicó.
Frente a este escenario, destacó el papel de las redes comunitarias y de acompañamiento. “Las herramientas son acompañar y estar ahí. La ruta crítica de la violencia hay que utilizarla igual, aunque muchas veces los mecanismos re victimizan. Las redes de contención son las que nos salvan de manera colectiva, urgente, y no sólo en lo psicológico sino también en lo material”, sostuvo.
A más de una década del surgimiento de Ni Una Menos, Sterman consideró que la respuesta social continúa vigente. “Hay un enojo canalizado para la organización colectiva y exigir que dejen de matarnos”, concluyó.